jueves, 30 de abril de 2009

Ansiedad y epilepsia.

La ansiedad es un fenómeno normal que tiene la finalidad de preparar el organismo para la acción. En situaciones normales mejora el rendimiento y nos moviliza ante un peligro detectado para así afrontarlo eficazmente. Pero cuando esa ansiedad es excesiva o se presenta en situaciones inadecuadas es el momento en que se convierte en un problema de salud y limita nuestra libertad. Aproximadamente entre un 15 y un 20% de la población padece esta forma de ansiedad patológica, y en la mayoría de los casos el paciente mejora con un tratamiento adecuado. La ansiedad también se encuentra ligada a múltiples cuadros clínicos como trastornos de la alimentación, problemas sexuales o trastornos adaptativos y en numerosas ocasiones se relaciona directamente con dificultad en las habilidades sociales, bajo rendimiento intelectual, manifestaciones psicosomáticas, etc. Podemos detectarla a través de muy variada sintomatología, que agruparíamos en categorías: Síntomas físicos: taquicardia, opresión en el pecho, sensación de falta de aire, temblores, sudoración, problemas digestivos, rigidez muscular, cansancio, hormigueo, sensación de mareo, e incluso alteraciones del sueño, de alimentación y sexuales. Síntomas psicológicos y de conducta: inquietud, sensación de amenaza, inseguridad, temor a perder el control, incertidumbre, dificultades en la toma de decisiones, extrema alerta, bloqueo, impulsividad. Síntomas cognitivos: dificultades en atención, concentración y memoria, aumento de despistes y descuidos, pensamientos distorsionados, expectativas negativas, sensación de confusión y tendencia a recordar acontecimientos negativos. Síntomas en el ámbito social: irritabilidad, dificultad para iniciar o seguir conversaciones, en ocasiones verborrea, bloqueo al preguntar o responder y dificultades en asertividad.
Estos síntomas varían de una persona a otra y son de intensidad diversa. Es de suma importancia la detección de estos síntomas para ponerse en manos del especialista, que evaluará el origen, su intensidad y frecuencia. Tras un diagnóstico orientará el tratamiento más adecuado en cada caso.


Fuente: AAEB.
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